La depresión posnatal también conocida como depresión posparto (DPP), es relativamente frecuente y afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en países de altos ingresos, con estimaciones más altas en los países de bajos y medianos ingresos.

Diversas investigaciones han documentado la asociación entre DPP y el desarrollo del niño, incluyendo retraso en el desarrollo cognitivo y del lenguaje, mayores tasas de problemas de comportamiento, apego inseguro o desorganizado, bajas calificaciones de abandono escolar a los 16 años, y tasas más altas de depresión entre los 16 y 18 años de edad.

Dos factores que se intuye que son importantes para determinar los efectos en el niño de la depresión materna son la cronicidad y la gravedad del trastorno del estado de ánimo materno, y la evidencia existente así lo sugiere, pero los datos son limitados para DPP específicamente.

Se ha publicado un estudio que investiga las secuelas de la DPP en la depresión materna posterior y el resultado del niño. Implica múltiples evaluaciones de la depresión materna durante los primeros 18 años de vida de la descendencia, incluidas 2 evaluaciones posnatales a los 2 y 8 meses después del parto, problemas de comportamiento infantil en 3.5 años de edad, calificaciones de matemáticas a los 16 años de edad y depresión autodeclarada a los 18 años de edad.

El estudio analizó 9.848 mujeres desde los años 90. Sufrieron depresión post-parto una minoría (1 de cada diez según la investigación) y menos de un 1 por ciento tuvieron depresión persistente en el tiempo.

Los resultados del estudio muestran que cuando la depresión de estas mujeres era de larga duración, la probabilidad de alteraciones del comportamiento se incrementaba hasta cinco veces a los tres años y medio del niño. Además, la probabilidad de que en la adolescencia (16 años) mostrara un bajo rendimiento en los test de matemáticas era de casi el triple, y el riesgo de que sufriera depresión a la edad de 18 años se multiplicaba por siete.

Si los síntomas de depresión post-parto continuaban a los dos y ocho meses desde el nacimiento del niño, era más probable que se encontraran de nuevo a los 11 años, sin importar el nivel de gravedad de los síntomas.

Las conclusiones del estudio exponen la importancia de un diagnóstico y tratamiento precoz de la depresión posparto,  lo que permitiría la identificación de mujeres con DPP persistente y, por lo tanto, un tratamiento precoz y adecuado que minimice el impacto y las consecuencias sobre los hijos.

Bibliografía:

Netsi, E., Pearson, R., Murray, L., Cooper, P., Craske, M. and Stein, A. (2018). Association of Persistent and Severe Postnatal Depression With Child Outcomes. JAMA Psychiatry.

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