El miedo es una emoción que implica la aparición de sensaciones desagradables. Aunque el embarazo se convierte para muchas personas en el momento más importante de sus vidas, la aparición del miedo durante el embarazo es algo que consideramos “normal”, porque se presenta en la mayoría de las mujeres embarazadas; se considera como algo que hay que asumir y que es inherente al deseo de la maternidad.

Es frecuente la aparición de estos “miedos” (al parto, a la posibilidad de que algo salga mal, de que le ocurra algo al bebé, al dolor, a lo desconocido…) en las mujeres embarazadas y en relación con el momento del parto, a pesar de que los avances médicos han disminuido los riesgos de posibles complicaciones y los índices de mortalidad en los países desarrollados.

Más bien al contrario, ya que según las estadísticas, esta seguridad no se correlaciona con menos miedos de las futuras madres, sino que cada vez hay más mujeres que tiene miedo al parto. Parece que la medicina actual ha permitido disminuir la mortalidad, pero provoca otros miedos como: temor a los hospitales, a la atención del personal médico, a la utilización de instrumentos, etc., derivado quizá del intervencionismo que se ha producido en los últimos tiempos en referencia a la atención al parto.

El mejor medio para combatir estos temores y preocupaciones, además de los cambios que ya se están produciendo en lo que se ha dado en llamar la “humanización del parto”, es una adecuada formación e información, labor en la que las matronas son fundamentales durante todo el proceso, tanto desde el asesoramiento preconcepcional, como en el seguimiento del embarazo, la educación para la maternidad/paternidad, el parto o el posparto.

Pero cuando este miedo o miedos son muy intensos, desproporcionados e irracionales, con actitudes que llegan incluso a querer evitar o interrumpir el embarazo debido al propio miedo, estamos hablando de un trastorno de salud emocional o psicológico, que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado, es decir, una fobia al parto.

La tocofobia (del griego “tokos”, que significa nacimiento, y “phobos“, miedo) es un miedo patológico persistente, irracional y desproporcionado a quedar embarazada o bien al parto. Lo padecen entre un 2 y un 3% de las mujeres, y es común que lo padezcan mujeres con alteraciones psicológicas previas.

Los síntomas de tocofobia no están bien estudiados ni delimitados; se pueden encontrar opiniones de expertos que relatan la aparición de síntomas como rechazo al embarazo, obsesión con el uso de los anticonceptivos o mentir a su pareja sobre su fertilidad para evitar concebir.

Si ya se encuentran embarazadas, es frecuente que opten por un aborto, la aparición de hiperémesis gravídica, posiblemente debido a un rechazo de la gestación, la falta de apego emocional de la embarazada con el feto en desarrollo, y si llegan a tener al bebé incluso que pidan que debe ser por cesárea, para evitar el dolor.

Algunas madres llegan a tener sentimientos en contra de su bebé, sufrir también un síndrome de estrés postraumático, o tener más posibilidades de desarrollar depresión posparto.

CLASIFICACION

Dependiendo del origen de la fobia, las tocofobias pueden ser primarias o secundarias:

Tocofobia primaria

Aparece en mujeres que nunca han tenido hijos y que, a pesar de querer ser madres, tienen miedo a los cambios en el embarazo, a sufrir en el parto, a la responsabilidad de ser madre o que el hijo tenga alguna enfermedad o problemas, y ello les hace frenar el deseo de quedarse  embarazadas.

Suele aparecer al inicio del embarazo y su miedo nace desde la adolescencia sin tener realmente algún origen justificado. Puede ser también un factor desencadenante el haber sufrido abusos sexuales.

Se relaciona con alteraciones psicológicas e incluso tabús, y tienen en ello influencia las experiencias de otras mujeres, sobre todo cuando proceden de la propia madre, ya que crean un miedo profundo en sus hijas, con lo cual tienden de modo inconsciente a repetir el patrón materno.

Puede haber relacionadas otras fobias, como la fobia a los hospitales, a los médicos, o a la sangre y agujas.

Tocofobia secundaria

Suele presentarse en mujeres que ya han tenido una experiencia que les ha causado un trauma en sus embarazos pasados, ya sea un embarazo difícil, una mala práxis de los profesionales médicos, o una gran depresión posparto, y sienten miedo a volver a pasar por la misma situación.

Consecuencias

Una mujer que padece tocofobia puede seguir con su vida sin que este miedo le suponga un problema, si no desea ser madres. El problema ocurre si la mujer sí desea ser madre y esta fobia repercute en su vida creándole importantes trastornos tanto a nivel personal como de pareja.

Por un lado quiere ser madre, pero por otro, los sentimientos de temor e incluso de culpa le impiden serlo. Renunciar a tener hijos, aun queriéndoles, le expone a una situación emocional, de aparición de sentimientos contradictorios, que afectarán a su autoestima y pueden desembocar en depresión.

Por otro lado afectan en mayor o menor medida a la relación de pareja. Si las relaciones sexuales no se ven afectadas, la mujer suele obsesionarse con las medidas contraceptivas, incluso puede utilizar varias a la vez por seguridad.

O puede llegar incluso a evitar las relaciones sexuales por miedo al embarazo y causar problemas en la pareja. De esta forma puede generar también un conflicto cuando la pareja desea tener un hijo y la mujer no quiere debido a este temor, lo que puede desembocar en problemas de relación de pareja, e incluso provocar su ruptura.

Tratamiento

Como cualquier miedo, la necesidad de afrontarlo y acudir con un especialista debe ser una primera necesidad. Ya que, como hemos visto, si no se busca el tratamiento, puede crear problemas tanto en la vida personal como en la relación de pareja.

Es importante que las mujeres que creen que están sufriendo de tocofobia busquen ayuda. Pero algunas mujeres pueden sentir vergüenza de presentarse y hablar de estos síntomas, ya que pueden sentir que nadie lo va a entender, y en ese caso es imprescindible la atención por parte de un profesional adecuado para una correcta detección de esta fobia.

“Estoy asombrada por la cantidad de matronas que no han escuchado hablar de la tocofobia. Si no se sabe sobre ella, no se puede ayudar”, dijo Zara Chamberlain, formadora de matronas en el Reino Unido, quien ya hace tiempo que hizo un llamamiento a estos profesionales de la salud a estar más atentos a esta fobia y recomendó contar con más matronas que apoyen a las mujeres durante su gestación.

Parte esencial del seguimiento prenatal es la información a las embarazadas y cuando se ve que hay algunas que efectivamente tienen temores al embarazo o al trabajo de parto, se le dedica buen tiempo a tratar de disipar esos temores.

Además las embarazadas se reúnen con la matrona en sesiones de educación grupal donde se les ofrece información y se ponen en común con otras embarazadas sus sentimientos, expectativas, temores… También se las lleva a las salas de hospital donde tendrán lugar los nacimientos de sus hijos, etc.

En definitiva, hay formas de ayudarlas a resolver las dudas y los temores o al menos a que disminuyan; la mejor forma de superar este tema es contar con el apoyo de las personas que le rodean, para crear un ambiente de seguridad familiar que permitirá, poco a poco, y con el apoyo necesario, superar el trauma.

A menudo el miedo al parto no se toma en serio, por el mismo hecho de que lo consideramos algo “normal”, como algo que las mujeres que quieren ser madres tienen que afrontar. Pero, tanto en estos casos,  como en aquellos que pueden pasarnos inadvertidos, en los que el miedo es tan intenso que se convierte en tocofobia, sería conveniente que las mujeres pudieran contar con el apoyo adecuado para poder dar a luz a sus hijos de forma satisfactoria y pudieran vivir la experiencia de la maternidad con seguridad, pero también con confianza, disfrutando del nacimiento de su hijo.

Hay soluciones para ayudar a las mujeres que padecen tocofobia y desean ser madres o cuando esta fobia les causa problemas en su vida diaria. En estos casos si no se busca tratamiento, puede ocasionar un considerable malestar en la vida de la mujer y su pareja.

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