El profesor de la Universidad de Chicago Robert Martin, cuyas investigaciones han contribuido al conocimiento de la evolución en la reproducción humana, nos desgrana en su artículo para Psychology Today (Martin, 2014) uno de los factores que explica la óptima relación entre matronas y  mujeres durante el parto que demuestra la necesidad de este profesional para favorecer el proceso del nacimiento.

¿Por qué se necesitan matronas?
La profesión más antigua puede tener más de dos millones de años

Debido a que el volumen de nuestro cerebro es grande, nuestros recién nacidos tienen cráneos inusualmente grandes. La complejidad del ser humano tiene consecuencias, la forma y la orientación de la pelvis se han modificado sustancialmente porque caminamos en posición vertical sobre dos patas. Este hecho, único entre los primates, va a condicionar para siempre la forma en que parimos. Un feto humano debe experimentar una rotación compleja para pasar a través de la carrera de obstáculos del canal pélvico. De hecho, los análisis realizados por el antropólogo de Boston Jeremy DeSilva, han confirmado que los nacimientos comenzaron a ser desafiantes cuando el género Homo surgió hace dos millones de años. De hecho, parece  acertado pensar que incluso los australopitecos anteriores pudieran haber tenido nacimientos más difíciles que los chimpancés modernos y posiblemente hayan necesitado asistencia. Parece que las matronas han ejercido la obstetricia desde muy pronto y puede ser una de las profesiones más antiguas.

Grandes cabezas en grandes cuerpos

El canal de nacimiento humano es tortuoso, la entrada de la pelvis dibuja un óvalo, es más amplia en anchura que en longitud. Al entrar, la cabeza fetal normalmente ya está girada con su eje largo orientado de lado a lado en lugar de hacerlo de atrás a frente como en primates no humanos. Mientras que pasa a través de la pelvis, la cabeza del bebé se gira otra vez para caber la orientación delantera-a-detrás del eje largo de la salida. Así que su rostro suele apuntar hacia la espalda de la madre. Los primates no humanos generalmente carecen de tal rotación y la cara del recién nacido es dirigida, normalmente, hacia delante.

Aparte de la gran cabeza del recién nacido, su volumen corporal también hace el nacimiento humano complicado. Los chimpancés recién nacidos, gorilas y orangutanes pesan aproximadamente 1500-2000 gramos, pero los bebés humanos son casi el doble de pesados al nacer, entre 2,500 y 4000 gramos en promedio. Por lo tanto, la distancia de hombro a hombro de un recién nacido es mayor en comparación con el canal de parto y se necesitan más movimientos para acortar esta longitud.  La distocia de hombros se produce en aproximadamente uno de cada cien nacimientos humanos, su incidencia está aumentando en los países industrializados debido, principalmente, a la epidemia de obesidad y diabetes que estamos viviendo.

El término de trabajo de parto no podría estar mejor expresado debido al complejo y difícil proceso que requiere para completarse

En 1999, Leah Albers publicó los resultados de un estudio multicultural de la duración del parto para más de 2.500 nacimientos naturales a término en madres de bajo riesgo supervisadas por matronas. En promedio, el nacimiento tomó casi nueve horas para las madres primerizas, pero sólo unas seis horas para las madres con nacimientos previos. En casos extremos, el nacimiento tardó hasta veinte horas. Sin embargo, el nacimiento es relativamente rápido y simple en primates no humanos, que suelen concluirlo en apenas dos horas.

Matronas también como soporte psicológico y emocional

El parto generalmente dura más tiempo la primera vez. También es ampliamente aceptado que el estrés puede aumentar su duración. Un estudio particularmente interesante fue publicado en 2000 por la investigadora Marion Heres y colegas. Compararon los resultados del parto para 60.000 mujeres atendidas por matronas y por 30.000 mujeres supervisadas por ginecólogos hospitalarios.

En los Países Bajos, las matronas están autorizadas para asistir a fetos únicos, a término y con presentación normal. Si se identifican problemas de salud durante el embarazo o el parto, los ginecólogos supervisan los partos en el hospital. Heres y sus colegas encontraron claras diferencias entre sus dos grupos. En las mujeres atendidas por matronas, los partos tardaron alrededor de seis horas en mujeres con partos previos y casi cuatro horas más en las primeras madres, igualando el tiempo que Albers había informado previamente para los partos de mujeres supervisados por matronas. Sorprendentemente, en el estudio holandés los nacimientos tomaron claramente más tiempo con las mujeres supervisadas por ginecólogos: Los nacimientos de mujeres con partos previos se retrasaron en tres horas y media y los de las madres primerizas en más de cinco horas y media.

Se podría pensar que el trabajo de mayor duración bajo la supervisión de los ginecólogos era simplemente debido al confinamiento en el hospital. Pero Heres y colegas informaron que la duración del nacimiento no difirió entre los partos no complicados supervisados por las matronas en el hospital y los partos en el hogar con matronas. Así que tener la asistencia y compañía de una matrona presente durante el trabajo de parto, además de proporcionar tranquilidad y aliento, tiene beneficios demostrables.

Matronas ante las urgencias

Aparte de proporcionar apoyo, las matronas  también abordan problemas obstétricos específicos que surgen durante la fase final y disminuir la complejidad y el riesgo en el parto. Por ejemplo, en aproximadamente un tercio de los casos, la rotación envuelve el cordón umbilical alrededor del cuello del bebé. Por regla general, esto no es peligroso para la vida, pero ocasionalmente el cordón se estrecha demasiado. Si la acción correctiva no se toma rápidamente, el bebé podría sufrir problemas.

Además, en su libro Birth in Four Cultures, la antropóloga Brigitte Jordan informó de los estudios sobre el parto maya. Si el feto se colocó incorrectamente, por ejemplo en una presentación de nalgas, las antiguas matronas realizaban la versión cefálica externa para corregir su posición. Hasta la década de 1950, esta  maniobra también se practicaba ampliamente en muchos países pero entonces comenzó un cambio hacia las cesáreas, y ahora la versión cefálica externa no se oferta en todos los hospitales a las mujeres. Este es uno de los múltiples ejemplos que explican la epidemia de cesáreas en la que nos encontramos.

En cualquier caso, la conexión bíblica entre Eva comiendo fruta prohibida del Árbol del conocimiento y el parto doloroso es intrigante en vista del vínculo existente entre el tamaño del cerebro y la complejidad del nacimiento humano. Y las matronas, sin duda, hacen de este proceso una tarea más sencilla y segura.

Estudios y sociedades científicas concluyen que la obstetricia supervisada y dirigida por matronas ha marcado la diferencia en calidad de procesos y sobretodo de resultados.

Traducción y adaptación de Silvia Pérez Garrido sobre la versión exacta: https://www.psychologytoday.com/blog/how-we-do-it/201405/why-midwives-are-needed

Bibliografía:

  • Martin, R. D. (2014). How We Do It: The Evolution and Future of Human Reproduction. Psichology today. https://www.psychologytoday.com/blog/how-we-do-it/201405/why-midwives-are-needed
  • Albers, L.L. (1999) The duration of labor in healthy women. Perinatol. 19:114-119.
  • DeSilva, J.M. (2011) A shift toward birthing relatively large infants early in human evolution. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 108:1022-1027.
  • DeSilva, J.M. & Lesnik, J.J. (2008) Brain size at birth throughout human evolution: A new method for estimating neonatal brain size in hominins. Hum. Evol. 55:1064-1074.
  • Heres, M.H.G., Pel, M., Borkent-Polet, M., Treffers, P.E. & Mirmiran, M. (2000) The hour of birth: comparisons of circadian pattern between women cared for by midwives and obstetricians.Midwifery 16:173-176
  • Jordan, B. (1993) Birth in Four Cultures: A Crosscultural Investigation of Childbirth in Yucatan, Holland, Sweden, and the United States (Fourth Edition). Prospect Heights, IL: Waveland Press.
  • Rosenberg, K.R. (1992) The evolution of modern human childbirth. Phys. Anthropol. 35:89-124.
  • Rosenberg, K.R. & Trevathan, W. (1996) Bipedalism and human birth: The obstetrical dilemma revisited. Anthropol. 4:161-168.
  • Rosenberg, K.R. & Trevathan, W.R. (2001) The evolution of human birth. Am. 285(5):72-77.

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