La endometriosis es una patología cuya etiología desconocemos, consistente en la presencia de tejido endometrial funcionalmente activo fuera de la cavidad uterina, causando por ello un cuadro de reacción inflamatoria crónica.

Actualmente la sufren 1 de cada 10 mujeres en edad fértil estimándose que las cifras rondan los 14 millones de mujeres en Europa.

Como ya sabemos la proliferación anómala del endometrio puede producir diferentes grados de afectación dependiendo de su profundidad y ubicación, pudiendo afectar a:

  • Peritoneo
  • Ovarios
  • Trompas de Falopio
  • Pared del útero
  • Vejiga urinaria
  • Recto
  • Colon y con menor frecuencia a intestino delgado, vulva, vagina e incluso a pulmones

Las complicaciones abarcan quistes, infertilidad, aumento de la activina e incluso esterilidad.

La endometriosis produce una alteración de la función fisiológica que conlleva a una pérdida de inserción de células embrionarias, focos atípicos de endometrio, alteraciones del ciclo, pérdida del equilibro de las células endometriales, aumento de la angiogénesis (VEGF), etc..

La sintomatología más habitual que podemos encontrar en una mujer con endometriosis incluye dismenorrea, metrorragia, dispareunia, hematuria o rectorragia.

Pero existen otras sintomatologías más sutiles que tampoco debemos ignorar, como pueden ser pesadez abdominal, falta de energía, fatiga crónica, dolores abdominales difusos o cambios de humor.

La infertilidad afecta al 40 % de las mujeres que sufren endometriosis.

Los factores de riesgo incluyen la edad (entre 25 y 40 años), los antecedentes familiares, la nuligestación o las anomalías de los órganos genitales.

No existe, por el momento, ningún tratamiento óptimo que consiga alcanzar los 4 objetivos básicos: suprimir los síntomas (algias pélvicas, dismenorrea severa, etc.), restaurar la fertilidad, eliminar la endometriosis visible y evitar la progresión de la enfermedad.

El tratamiento puede ser médico o quirúrgico dependiendo del grado de afectación de la paciente.

El tratamiento médico se basa en el uso de diferentes pautas terapéuticas que incluyen antiinflamatorios no esteroideos (AINE), analgésicos y tratamientos hormonales, y es de utilidad en los casos de endometriosis peritoneal y menor en los casos de endometriosis ovárica y en los de endometriosis profunda.

La tasa media de recidiva después de la cirugía es de cerca del 20 % en 5 años.

Ante la escasa efectividad a largo plazo de los tratamientos menos agresivos se ha postulado la idea de que un desequilibrio a nivel nutricional y más concretamente en los niveles de oligometales puede empeorar o incluso causar la sintomatología de la endometriosis.

Existen escasos estudios en referencia a los tratamientos de nutrición ortomolecular pero cada vez son más los médicos que combinan los tratamientos convencionales con la terapia nutricional realizando estudios a sus pacientes y administrando aquellos micronutrientes de los que presentan carencias.

Se ha postulado un papel de la dieta en el desarrollo de algunas enfermedades hormono-dependientes como el carcinoma de ovario o endometrio y algunos tipos de quistes de ovario. La endometriosis es una enfermedad hormono-dependiente donde la dieta puede jugar un papel en su aparición, evolución/progresión y en la sintomatología asociada.

Tal vez nos hallamos ante una nueva puerta de posibilidades en el tratamiento de los síntomas de la endometriosis mediante una nutrición consciente que ayude a estas mujeres a mejorar su calidad de vida y su fertilidad.

 

Referencias:

Asociación de afectadas de endometriosis de Cataluña.

Progresos de Ginecología y Obstetricia. Protocolos SEGO: Endometriosis.

PH Kodaman. Las estrategias actuales para el manejo de la endometriosis. Obstetricia Ginecología Clinics of North America 2015; 42 (1): 87-101

Nutrilab; Dr. A. Gerbi. Justificación científica de Nutri Endo1 &2 en  Endometriosis. Evaluación de riesgo. 2014.

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