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La delgada línea entre la vida y la muerte, inherente al nacimiento de un ser humano, cuenta desde el origen de nuestra especie con una figura de referencia, crucial en ese delicado momento…

“Estar al lado de”,  “Acompañar quedamente” , “Saber no hacer”,  “Empoderar”…

Antes de la invención de la palabra, antes del desarrollo de los pueblos y el surgir de civilizaciones, mucho antes del desarrollo de la ciencia y de la tecnología, la experiencia y conocimiento de mujeres que acompañaban a mujeres aportaba seguridad, confianza y serenidad en el maravilloso momento en que unas manos sabias y amorosas nos acogen a la vida.

A lo largo de nuestra historia se nos ha llamado de muchas maneras: obstetrix, partera, comadrona… pero sea cual fuere el nombre, invariablemente va unido al momento más importante de nuestras vidas: el maravilloso instante del nacimiento.

Las matronas somos afortunadas. Estamos bendecidas por el halo de los valores que representamos, que nos hacen ser como somos y sentir lo que sentimos. Nuestra esencia, nuestro “sentir matrona”, es difícilmente descriptible mediante palabras. Somos emociones.  Somos sensaciones e intuición. Somos la mano que guía, que da fuerza y esperanza. Somos el abrazo cálido del llegar a la vida. Somos el susurro amable y el acompañar en silencio. Somos respeto y cariño. Somos la abnegación por entero a una madre y su hijo…

Las matronas somos también conocimiento. Herederas y transmisoras de una experiencia y sabiduría ancestrales que hemos mantenido y enriquecido a través de los tiempos. Hemos recibido de nuestras mentoras sus enseñanzas y hemos aprendido sus habilidades, adaptándolas a lo largo de la historia al desarrollo de la ciencia y la tecnología y completándolas con nuevos descubrimientos. Logramos con ello atesorar un cuerpo de conocimientos propio y diferenciado, de una riqueza excepcional, que nos permite convertirnos en tan significativa figura. Nos permite “ser matrona”.

Las matronas integramos razón y emoción. Fusionamos la ciencia y la esencia. Sumamos amor, respeto y humildad a experiencia, sabiduría y destreza. Cohesionamos nuestro “ser” y nuestro “sentir”. Esa unión origina en nosotras una visión del mundo sensiblemente característica y diferenciada. Una nueva forma de pensar, de sentir,  de actuar, de vivir…

Es nuestro “nacer matrona”.

Nuestra misión, nuestra razón de ser, lleva aparejada la expresión de una visión sensible del mundo, de una interpretación diferente de la vida. Una manifestación de nuestro ser, nacer y sentir que conduce a la creación. Las matronas creamos arte. Un arte ancestral y milenario…

 

El arte de hacer nacer

El arte más poderoso de la vida es hacer del dolor un talismán que cura.
¡Una mariposa renace florecida en fiesta de colores!
(Frida Kahlo)

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Es tiempo de ematrona

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3 Comments

  • Alberto dice:

    Cada día tenemos retos pero nosotros las matronas tenemos que ser guías de familias con su mayor reto en esta vida el nacimiento de sus hijos. Me gusta ser matrona

  • Laura dice:

    Alberto creo que lo que has dicho es importante. Ser guías de familias, y que tengan un referente a quién dirigirse cuando lo necesiten. Tan fundamental es cuidar cuando son pequeños como cuando aún no han nacido.

  • ObstNelly Yepez dice:

    Estoy muy complacida de compartir en este grupo, es cierto estamos presentes junto a la mujer por cientos y miles de años, que con la evolución, y educación, hemos cambiado de nombres es cierto, yo les saludo desde Ecuador, allá también evolucionamos en la nomenclatura fuimos Obstetrices, hoy nos identificamos como Obstetras, tenemos una formación académica Universitaria de 5 años mas nuestro año de práctica rural antes de poder ejercer sea a nivel institucional o de forma privada. Llevo 29 años de ejercicio en el ámbito privado y comparto con ustedes que nuestra hermosa profesión nos brinda Muchas muchas satisfacciones. Es un honor compartir con ustedes mi experiencia. Se acerca nuestro día 31 de agosto me uno a ustedes en esta celebración.

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